La grieta impacta el crédito argentino: baja profundidad y alta morosidad
Argentina registra la menor profundidad crediticia de América Latina (14,3% del PBI) y, a la vez, lidera los índices de préstamos impagos, afectando especialmente a familias y pymes.

Las claves de la nota
- Crédito al sector privado: 14,3% del PBI (julio 2026)
- 27,2% de argentinos con deudas atrasadas
- Morosidad individual: 12,8% (sector bancario)
- Morosidad menores de 25 años: 37,7% (Veraz)
El sistema financiero argentino se encuentra en una encrucijada, exhibiendo una paradoja: la menor profundidad crediticia de la región, con un crédito al sector privado equivalente al 14,3% del PBI, muy por debajo del promedio regional del 47,3%. Paralelamente, el país lidera los índices de préstamos impagos, evidenciando una aceleración de deudas críticas en familias y comercios. El diagnóstico revela un amesetamiento en el financiamiento productivo, con un crecimiento real interanual del 5,9% a julio de 2026, pero estancado desde finales de 2025 y aún por debajo de los picos de 2018. La industria es el principal motor de este crecimiento, explicando el 93% de la asistencia, mientras que el consumo masivo y la construcción también muestran avances, contrarrestando caídas en producción primaria y servicios.
La contracara de este escenario es la abrupta escalada de la morosidad, impulsada por las elevadas tasas de interés y la erosión del poder adquisitivo. Mientras grandes empresas y el sector industrial logran gestionar sus pasivos, las pymes y los hogares sufren un ahogo financiero. Se estima que 20,6 millones de argentinos tienen deudas vigentes, con un 27,2% de atrasos en sus pagos. La cantidad de morosos se duplicó en un año, alcanzando 2,4 millones. Un dato alarmante es que casi el 40% de los menores de 25 años ya figuran en el Veraz, con deudas originadas principalmente en billeteras virtuales y aplicaciones, y con dificultades para mejorar su situación al refinanciar.
La morosidad bancaria en el sector privado se sitúa en un 7,7% del financiamiento total, pero esta cifra se dispara al 12,8% en el caso de los individuos, especialmente en préstamos personales (16,7%) y tarjetas de crédito (12,8%). Los créditos hipotecarios se mantienen estables en un bajo 1,6%. Las entidades no bancarias presentan tasas de morosidad aún más elevadas, alcanzando el 30% en agosto pasado, con un preocupante 43,6% en el segmento de menores de 25 años. Si bien hubo un leve retroceso en la ratio general de mora en junio, interrumpiendo 19 meses de alzas, la situación general sigue siendo crítica.
Esta dualidad crediticia tiene profundas implicancias para la economía argentina, limitando la inversión productiva y generando una crisis de deuda en amplios sectores de la población. Para ciudades como Rosario, centro neurálgico de la producción y el comercio, la falta de acceso a financiamiento competitivo y el alto nivel de endeudamiento de familias y pymes locales representan un freno significativo para el desarrollo y la generación de empleo. La recuperación sostenida de la economía dependerá crucialmente de la capacidad para revertir esta tendencia, fomentando un crédito más accesible y sostenible que impulse la actividad productiva y alivie la carga de la deuda familiar y comercial.
