Opinión: El campo no es un sector homogéneo y no a todos les va bien
Se confunde el volumen y los precios de exportación de granos con la rentabilidad real de todas las actividades agropecuarias, especialmente las economías regionales, que enfrentan costos crecientes y precios estancados.

Las claves de la nota
- Rentabilidad del campo es heterogénea, no solo granos.
- Economías regionales enfrentan costos crecientes.
- Precios percibidos por productores se estancan.
- Tipo de cambio real aprecia el peso.
- Rentabilidad negativa en sectores como el ajo.
La apreciación generalizada de que el campo argentino está prosperando es una simplificación que ignora la heterogeneidad del sector. Si bien la energía y la minería muestran un panorama positivo, el "campo" abarca mucho más que la pampa húmeda y los exportadores de granos. La realidad de miles de productores y agroindustriales en las economías regionales es muy diferente.
Un análisis reciente de Coninagro revela que, de 19 sectores agropecuarios relevados, solo granos, bovinos, ovinos, miel y papa se encuentran en "verde" (en buena situación). Siete sectores, incluyendo yerba, arroz, vino y mosto, hortalizas, algodón, leche y mandioca, ya estaban en "rojo", y a ellos se suman ahora la forestación y los cítricos. El resto, como tabaco, peras y manzanas, aves, porcinos y maní, se encuentran en "amarillo", indicando riesgo debido a precios que no logran compensar la inflación.
El principal factor de deterioro para estas economías regionales son los costos, que aumentan a un ritmo superior a la inflación, mientras que los precios percibidos por los productores se mantienen estancados o crecen por debajo de la suba general de precios. Un ejemplo alarmante es el del productor de ajo del Valle de Uco, con rentabilidades negativas de hasta un -68% después de impuestos.
La competitividad del campo se ve mermada también por un tipo de cambio que no acompaña la inflación. El Índice de Tipo de Cambio Real Multilateral del BCRA se ubica en torno a los 85 puntos, indicando una apreciación del peso. En 2026, la inflación acumulada a septiembre fue del 23,6%, mientras que el dólar oficial solo aumentó un 4%. Esta brecha impacta directamente en las cadenas productivas dependientes de las exportaciones, erosionando la rentabilidad y la competitividad, especialmente en las economías regionales que sufren un encarecimiento en dólares para producir.
