Consumo de carne vacuna en Argentina cae 9,5% y toca mínimos históricos
El consumo de carne por habitante se ubicó en 46 kg anuales, una baja del 9,5% respecto al año anterior y el valor más bajo desde 2005. La menor oferta interna se combina con un aumento de las exportaciones.

Las claves de la nota
- Consumo de carne vacuna: 46 kg por habitante anual (agosto)
- Caída interanual del consumo: 9,5%
- Aumento interanual de precios de cortes vacunos: 51,2%
- Exportaciones de carne vacuna crecieron 6,5%
El consumo de carne vacuna en Argentina ha alcanzado mínimos históricos, registrando una caída del 9,5% en los últimos doce meses hasta agosto, según datos de CICCRA. El consumo por habitante se situó en 46 kg anuales, el valor más bajo desde que se tienen registros en 2005, y representa una disminución de 4,9 kg respecto al año anterior. Esta tendencia se enmarca en un contexto de pérdida de poder adquisitivo para los consumidores argentinos.
La menor disponibilidad de carne para el mercado interno se explica, en parte, por un descenso del 6,8% en la producción vacuna y una contracción del 9,9% en la faena. Paralelamente, las exportaciones de carne vacuna experimentaron un crecimiento del 6,5% en los primeros ocho meses del año, absorbiendo el 29,2% de la producción total, en comparación con el 25,6% del año previo. Este impulso exportador se vio favorecido por la habilitación de cuotas por parte de Estados Unidos y un aumento en los precios internacionales.
La menor oferta interna ha tenido un impacto directo en los precios minoristas. Los cortes vacunos registraron un aumento interanual del 51,2% en agosto, superando la inflación general del 33,2%. Cortes como la carne picada común, el asado y el cuadril mostraron subas superiores al 50%. Este encarecimiento relativo de la carne vacuna, que se ha encarecido un 21,8% más que el pollo en términos interanuales, profundiza la tendencia de menor consumo por parte de los hogares argentinos. Para Rosario y la región, productora y consumidora de carne, esta situación implica un desafío tanto para la industria ganadera como para la mesa de los consumidores, que buscan alternativas más económicas.
